Los pueblos son como los obreros a la vuelta del trabajo: por fuera cal y lodo, pero en el corazón las virtudes respetables.
Por sobre las razas, que no influyen más que en el carácter, está el espíritu esencial humano, que los confunde y unifica.
El pudor del hombre está en la mente, y se ha de llegar con él incólume a los ochenta años.
Reproducir no es crear, y crear es el deber del hombre.
La palabra sincera huye, como niña decorosa, de los comedores venales.
El aire ha de estar lleno de almas desinteresadas y amigas.
Como la derrota consume, el éxito robustece.
En la arquitectura, como en todas las artes, el modo más seguro de matar el efecto es rebuscarlo.
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Del vol. "En los Estados Unidos". (Segunda Parte.)
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