El hombre debe dormir alguna vez al aire, desafiar la lluvia, manejar las armas que defenderán mañana la tierra patria o el derecho, de velar al pie de algo más que un mostrador o una ventana.
El dolor es la sal de la gloria.
Todo se afina, se purifica y crece.
¿Para qué, sino para poner paz en los hombres, han de ser los adelantos de la ciencia?
Por un lado es ala el hombre, que mira al cielo; y por el otro es hocico, clavado en la tierra: hay que empujar perennemente el ala.
Cada época se pone en una fiesta que la representa y refleja sus ideales.
Jamás llegaron a fiesta pública, fuera de aquéllos que la pasión exagera y deshace, sino aquellos sentimientos potentes que de vez en cuando, como energías volcánicas, levantan los pueblos, y quedan para siempre visibles en ellos, como los montes en la tierra.
Es moda nueva, de esmalte, moda de puro barniz, suponer que los accidentes de educación y clima puedan alterar la esencia de los hombres, iguales en todas partes, salvo lo que les pone, o lo que no les ha puesto, la vida acumulada de las generaciones.
Para conocer a un pueblo se le ha de estudiar en todos sus aspectos y expresiones: en sus elementos, en sus tendencias, en sus apóstoles, en sus poetas y en sus bandidos.