La fuerza del genio no se acaba con la juventud.

Nadie debe morirse mientras pueda servir para algo.

La vida es como todas las cosas, que no debe deshacerlas sino el que puede volverlas a hacer.

Así es la vida, no cabe en ella todo el bien que pudiera uno hacer.

Los niños debían juntarse una vez por lo menos a la semana, para ver a quién podían hacerle algún bien, todos juntos.

Mejor es morir abrasado por el sol que ir por el mundo, como una piedra viva, con los brazos cruzados.

Los hombres suelen admirar al virtuoso mientras no los avergüenza con su virtud o les estorba las ganancias.

El hombre virtuoso debe ser fuerte de ánimo, y no tenerle miedo a la soledad, ni esperar a que los demás le ayuden, porque estará siempre solo.

Las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para que lo vea a uno pasar.