¿Qué es la gloria verdadera y útil, sino abnegarse, y con la obra silente y continua tener la hoguera henchida de leños, para la hora de la combustión, y el cauce abierto para cuando la llama se desborde, y el cielo vasto y alto, para que quepa bien la claridad?
Lo más del hombre, y lo mejor, suele ser lo que en él sólo ven a derechas quienes como él padezcan y anhelen.
Los pueblos, injustos en la cólera o el apetito, y crédulos en sus horas de deseo, son infalibles a la larga.
De luz se han de hacer los hombres, y deben dar luz.
De la Naturaleza se tiene el talento, vil o glorioso, según se le use en el servicio frenético de sí, o para el bien humano; y de sí elabora el hombre, aquilatándose o reduciéndose, el mérito supremo del carácter.
Unos están en el mundo para minar; y para edificar están otros.
La pelea es continua entre el genio albañil y el genio roedor.
Unos trabajan con la uña y el diente, otros con la cuchara y el nivel.
Cuando, con el corazón clavado de espinas, un hombre ama en el mundo a los mismos que lo niegan, ese hombre es épico.