El pueblo que compra, manda.

El pueblo que vende, sirve.

Hay que equilibrar el comercio para asegurar la libertad.

El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse, vende a más de uno.

El influjo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en influjo político.

La política es obra de los hombres, que rinden sus sentimientos al interés, o sacrifican al interés una parte de sus sentimientos.

Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hace servir de él.

Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él.

Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro, es separarlo de los demás pueblos.

El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre países igualmente fuertes. Si ha de preferir alguno, prefiera al que lo necesite menos.