La Unión, con el mundo, y no con una parte de él; no con una parte de él contra otra.
Todo lo primitivo, como la diferencia de monedas, desaparecerá cuando ya no haya pueblos primitivos.
Se ha de poblar la tierra, para que impere, en el comercio como en la política, la paz igual y culta.
El que vende no puede ofender a quien le compra mucho, y le da crédito, por complacer a quien le compra poco, o se niega a comprarle, y no le da crédito.
No debe levantarse entre países que comercian poco, o no dejan de comerciar por razones de monedas, una moneda que perturba a los países con quienes se comercia mucho.
Hay un modo de andar, de espalda vuelta, que aumenta la estatura.
Mostrarse acomodaticio hasta la debilidad no sería el mejor modo de salvarse de los peligros a que expone en el comercio, con un pueblo pujador y desbordante, la fama de debilidad.
La cordura no está en confirmar la fama de débil, sino en aprovechar la ocasión de mostrarse enérgico sin peligro. Y en esto de peligro, lo menos peligroso, cuando se elige la hora propia y se la usa con mesura, es ser enérgico.
Sobre serpientes ¿quién levanta pueblos?