Una escuela es una fragua de espíritus.
La educación es como un árbol: se siembra una semilla y se abre en muchas ramas.
Sea la gratitud del pueblo que se educa, árbol protector, en las tempestades y las lluvias, de los hombres que hoy les hacen tanto bien. Hombres recogerá quien siembra escuelas.
Aire de ejemplo, riego de educación necesitan las plantas oprimidas.
La libertad y la inteligencia son la natural atmósfera del hombre.
Los ojos de los hombres, una vez abiertos no se cierran.
Los mismos padecimientos por el logro de la libertad encariñan más con ella; y el reposo mismo que da el mando tiránico permite que a su sombra se acendren y fortalezcan los espíritus.
Quien quiera pueblo ha de habituar a los hombres a crear.
Quien crea, se respeta y se ve como una fuerza de la naturaleza, a la que atentar o privar de su albedrío fuera ilícito.