Una semilla que se siembra no es sólo la semilla de una planta, sino la semilla de la dignidad.

La independencia de los pueblos y su buen gobierno vienen sólo cuando sus habitantes deben su subsistencia a un trabajo que no está a la merced de un regalador de puestos públicos, que los quita como los da y tiene siempre en susto, cuando no contra él armados en guerra, a los que viven de él.

No hay cosa que moleste tanto a los que han aspirado en vano a la grandeza como el espectáculo de un hombre grande.

Crecen los dientes sin medida al envidioso.

Es bueno que se truequen en universidades los conventos.

La grandeza, luz para los que la contemplan, es horno encendido para quien la lleva, de cuyo fuego muere.

Sentirse amado fortalece y endulza.

Honrar, honra.

No hay como vivir para aprender a tener compasión de los que viven.