Poesía es un pedazo de nuestras entrañas, o el aroma del espíritu recogido, como en cáliz de flor, por manos delicadas y piadosas.
Entristece ver a los hombres movidos por sus pasiones o azuzando las ajenas.
Los siglos se petrifican y se hacen hombres; pero para eso es necesario que pasen siglos. Después, a gran distancia, se observan mejor su tamaño y su obra.
El que vió hervir en tacho burdo el hierro de que se hizo el primer clavo, no imaginó la fogueante y hendente locomotora, que cabalga en los montes y los lleva a rastras.
Savia quieren los pueblos y no llagas.
Es estéril el consorcio de dos razas opuestas.
Las grandes personalidades, luego que desaparecen de la vida, se van acentuando y condensando; y cuando se convoca a los escultores para alzarles estatuas, se ve que no es ya esto tan preciso, porque como que se han petrificado en el aire por la virtud de su mérito, y las ve todo el mundo.
Hay seres humanos en quienes el derecho encarna y llega a ser sencillo e invencible, como una condición física.
La Humanidad no se redime sino por determinada cantidad de sufrimiento, y cuando unos la esquivan, es preciso que otros la acumulen, para que así se salven todos.