Merecer la confianza no es más que el deber de continuar mereciéndola.
¡No cabe honor en dejar morir, sin defensa, a aquellos cuyo triunfo nos preparamos, sin embargo, a aprovechar!
El que sabe desdeñar su vida, sabrá siempre honrarla.
Los caudillos nuevos han aprendido de los viejos a pertrecharse de recursos en las bandoleras enemigas.
El deber debe cumplirse sencilla y naturalmente.
El hijo odiará lo que odió el padre.
Las fuerzas que se pierden en lágrimas, hacen falta después para el ardimiento y empuje de la sangre.
Suele el miedo, natural consecuencia de la culpa, animar con color enfermizo las mejillas.
Sólo las virtudes producen en los pueblos bienestar constante y serio.
Tenemos que pagar con nuestros dolores la criminal riqueza de nuestros abuelos.