El espíritu de los muertos pasa a alentar el alma de los vivos.

¡Qué miserable vida la del que concibió un alto empeño, y muere sin lograrlo!

¡Se sale de la tierra tan contento cuando se ha hecho una obra grande!

La sangre de los buenos no se vierte nunca en vano.

Un mal no existe nunca sin causa verdadera.

Ya se han cansado nuestras frentes de que se tome sobre ellas la medida de los yugos,—aunque hay frentes que no se cansan de esto nunca.

Los pueblos que han sido muy criminales, necesitan, para ser felices, lavar con alta grandeza sus pasados crímenes.

Debe hacerse en cada momento lo que en cada momento es necesario.

Aplazar no es nunca decidir.