Adivinar es un deber de los que pretenden dirigir.

Para ir adelante de los demás, se necesita ver más que ellos.

Ignoran los déspotas que el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones.

La libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio.

Cuando un mal es preciso el mal se hace.

Es menester más valor para sufrir la befa de los déspotas que para arrostrar su empuje en los combates.

Hay gritos que resumen toda una época.

La cesasión de un hecho sólo se determina por la cesasión de las causas que lo produjeron.

A todo cejarán los tristes presos, menos a la ancha puerta que se abre para acelerar su libertad.

El hombre ilustrado padece en la servidumbre política más que el hombre ignorante en la servidumbre de la hacienda.