El dolor es vivo a medida de las facultades del que ha de soportarlo.

Los grandes derechos no se compran con lágrimas sino con sangre.

Las palabras pomposas son innecesarias para hablar de los hombres sublimes.

Los hombres de fuerza original sólo la enseñan íntegra cuando la pueden ejercer sin trabas.

Mejor sirve a la patria quien le dice la verdad y le educa el gusto, que el que exagera el mérito de sus hombres famosos.

Azuzar es el oficio del demagogo, y el del patriota es precaver.

Los servicios pasados apenas son más que la obligación de prestarlos mayores en lo venidero.

A la patria no se le ha de servir por el beneficio que se pueda sacar de ella, sea de gloria o de cualquier otro interés, sino por el placer desinteresado de serle útil.

Ni hay hombres más dignos de respeto que los que no se avergüenzan de haber defendido la patria con honor; ni sujetos más despreciables que los que se valen de las convulsiones públicas para servir, como coquetas, su fama personal o adelantar, como jugadores, su interés privado.