Tiene artes increíbles la lisonja.

Los talentos, para ser eficaces, han de reunir en sí ambos sexos; el hombre, que invade; la mujer, clemente.

Obscurecerse es bien, si así se evita ensangrentar la patria.

A ciertos actos no es dado el ser entendido por ciertas mentes.

La grandeza lastima a los que no son grandes.

Se han de poner las esperanzas en lo que no se pierdan; jamás en hombres, escurridizos como las serpientes.

Los pueblos yerran en las horas de crisis que les turban el juicio; pero, en reposo, es admirable su justicia; ven el hecho, el carácter, el peligro, como entre nubes; pero lo ven; y si por el odio, el interés o el amor, suelen extremar o desviar sus opiniones, es lo más común que las tengan justas y seguras.

La Tierra tiene sus cráteres; la especie humana sus oradores. Nacen de un gran dolor, de un gran peligro o de una gran infamia.

Los oradores, como los leones, duermen hasta que los despierta un enemigo digno de ellos.

Sólo resisten el vaho venenoso del poder las cabezas fuertes.