Tagacaolos y Bilanes.—La continua guerra que sostienen con los moros les ha hecho en extremo valientes, pero la bondad de sus prácticas morales y lo afable de su trato demuestra serían susceptibles de una rápida civilización. Se encuentran por la vertiente S. del Apo, en los montes próximos á la costa SO. de las islas y en las islas Sarangani, situadas en la bahía de su nombre.

Subanos.—Habitan toda la parte de Mindanao comprendida entre Misamis y Zamboanga, y á pesar de que su número se presume ascienda á 100.000 están dominados por los moros, que se sirven de ellos para las más rudas faenas.

Son de color bastante obscuro, lo que se observa en Zamboanga, donde hay algunas familias de éstos, componiendo una parte de la población cristiana de los barrios inmediatos á la capital.

Tirulayes.—Habitan en los montes de la costa O. de la bahía Illana, inmediatos á Tamontaca. Son de complexión raquítica y de costumbres muy relajadas, cuidándose poco de la honestidad de sus mujeres é hijas.

La misión de la Compañía de Jesús, establecida en Tamontaca, ha formado un pueblecito con las familias de Tirulayes que convierte al cristianismo; pero á pesar de los esfuerzos de los padres que componen la misión, el progreso de la religión católica es entre ellos de tan negativos resultados, que la población de Tamontaca se mantiene estacionaria sin que adquiera el desarrollo que podría esperarse de su magnífico emplazamiento sobre uno de los brazos del Pulangui.

El último grupo lo consideramos formado por la población cristiana de indios que, al amparo del Ejército y dirigidos por las órdenes religiosas, han ido extendiéndose por el N. hasta formarse las dos ricas provincias de Misamis y Surigao. Los habitantes de Zamboanga, mezcla de moro tagalo y español, cuyo idioma hablan todos aunque de un modo imperfecto.

Y, por último, la población de indios que reside en todos los puntos militares, formada de deportados, presidiarios que han cumplido su condena y licenciados del Ejército, los cuales se dedican al comercio al menudeo de la localidad, para servir á las familias españolas, y en muy pequeño número á la agricultura, pues los hábitos de holganza y los vicios adquiridos anteriormente pueden más en ellos que el deseo de procurarse una posición desahogada.

División Territorial.

Por Reales Decretos de 26 de Febrero y 5 de Marzo de 1886, el Archipiélago sufrió una completa transformación en lo que respecta á la división de su territorio. En virtud de estas disposiciones, que suprimía el antiguo cargo de alcaldes mayores, se crearon los Gobiernos civiles con funciones político-administrativas y con una completa separación del poder judicial.