El organismo que parecía una unidad independiente, capaz de obrar por sí mismo, es inserto en el medio físico, como una figura en un tapíz. Ya no es él quien se mueve sino el medio en él. Nuestras acciones no pasan de reacciones. No hay libertad, originalidad. Vivir es adaptarse: adaptarse es dejar que el contorno material penetre en nosotros, nos desaloje de nosotros mismos. Adaptación es sumisión y renuncia. Darwin barre los héroes de sobre el haz de la tierra.
Llega la hora del «roman experimental». Zola no aprende su poesía en Homero ni en Shakespeare sino en Claudio Bernard. Se trata siempre de hablarnos del hombre. Pero como ahora el hombre no es sujeto de sus actos sino que es movido por el medio en que vive, la novela buscará la representación del medio. El medio es el único protagonista.
Se habla de producir el «ambiente.» Se somete el arte a una policía: la verosimilitud. ¿Pero es que la tragedia no tiene su interna, independiente verosimilitud? ¿No hay un vero estético—lo bello? ¿Y una similitud a lo bello? Ahí está, que no lo hay, según el positivismo: lo bello es lo verosimil y lo verdadero es sólo la física. La novela aspira a fisiología.
Una noche en el père Lachaise, Bouvard y Pécuchet entierran la poesía—en honor a la verosimilitud y al determinismo.
ÍNDICE
| Págs. | |
| [LECTOR]... | [11] |
| [Meditación preliminar] | [65] |
| [Meditación primera] | [137] |
ESTE LIBRO
SE ACABÓ DE IMPRIMIR
EN LA IMPRENTA CLÁSICA ESPAÑOLA
DE MADRID
EL DÍA 21 DE JULIO
DE 1914.
NOTAS