Sin duda, todo esto es cierto; pero vosotros no debéis ignorar que CERVANTES fué herido y cautivo por muchos en el inhospitalario suelo del África, donde apuró hasta las heces el cáliz de la amargura, viviendo con la continua amenaza de la muerte.
(JÚPITER hace demostraciones de estar conforme con MINERVA.)
MARTE.
(Se levanta y habla con voz atronadora é iracunda.)
¡No, por mi lanza! ¡No! ¡Jamás! Mientras una gota de sangre inmortal aliente en mis venas, CERVANTES no triunfará. ¿Cómo permitir que el libro que echa al suelo mi gloria y ridiculiza mis hazañas se alce victorioso? JÚPITER; yo te ayudé en otro tiempo: atiende, pues, ahora á mis razones.
JUNO.
(Exaltada.)
¿Oyes, justiciero JOVE, las razones del valeroso MARTE, tan sensato como esforzado? La luz y la verdad campean en sus palabras. ¿Cómo, pues, dejaremos que el hombre, cuya gloria el tiempo respetó (y que lo diga SATURNO), se vea pospuesto á ese advenedizo y manco, sarcasmo de la sociedad?
MARTE.
Y si tú, padre de los dioses y de los hombres, dudas de la fuerza de mis razonamientos, pregunta á esos otros, si hay algo que se atreve a sostener los suyos con su brazo.