JÚPITER.
(Enojado blande un rayo y grita):
¡Á vuestros asientos, MINERVA, APOLO: y vosotros, MARTE y BELONA! ¡No irritéis mi cólera celeste!
(Cual suelen las carniceras y terribles fieras, encerradas en jaula de hierro, obedecer sumisas á la voz del esforzado domador, así aquellos dioses ocupan respectivamente sus puestos, amedrentados por la amenaza del hijo de CIBELES, quien, al ver su obediencia, más blandamente añade):
Yo terminaré la contienda: la Justicia pesará los libros con su recta imparcialidad, y lo que ella diga, se seguirá en el mundo, mientras que vosotros acataréis su inmutable fallo.
JUSTICIA.
(Desciende de su asiento, se coloca en medio del concurso, sosteniendo su siempre imparciat balanza; mientras que MERCURIO coloca en los platillos la ENEIDA y al QUIJOTE. Después de oscilar por mucho tiempo la aguja marcará al fin el medio, declarando que eran iguales.
VENUS se asombra, pero calla.
MERCURIO quita del platillo la ENEIDA, substituyéndola con la ILIADA.
Una sonrisa se dibuja en los labios de JUNO, sonrisa que se disipa rápidamente cuando vé subir y bajar á los dos platillos donde el QUIJOTE y la ILIADA están.