—Los que forman el gobierno son tambien ciudadanos y de los más ilustrados.

—Pero, como hombres, son falibles, y no deben desoir otras opiniones.

—Hay que confiar en ellos; ellos todo lo han de dar.

—Hay un refran puramente español que dice, el que no llora no mama. Lo que no se pide, no se da.

—¡Al contrario! contestó el abogado riendo sarcásticamente; con el gobierno sucede precisamente todo lo contrario...

Mas se detuvo de repente como si hubiese dicho demasiado, y quiso subsanar la imprudencia:

—El gobierno nos ha dado cosas que no se lo hemos pedido, ni se lo podíamos pedir... porque pedir... pedir supone que falta en algo y por consiquiente no cumple con su deber... insinuarle un medio, tratar de dirigirle, no ya combatirle, es suponerle capaz de equivocarse y ya se lo he dicho á usted, semejantes suposiciones son atentatorias á la existencia de gobiernos coloniales... El vulgo ignora esto y los jóvenes que obran á la ligera no saben, no comprenden, no quieren comprender lo contraproducente que es pedir... lo subversivo que hay en esa idea...

—Usted dispense, interrumpió Isagani ofendido de los argumentos que con él usaba el jurista; cuando por los medios legales un pueblo pide algo á un gobierno, es porque le supone bueno y dispuesto á concederle un bien, y este acto, en vez de irritarle, le debiera halagar: se pide á la madre, nunca á la madrastra. El gobierno, en mi inexperta opinion, no es un ser omnisciente que puede ver y prever todo y aun cuando lo fuese, no podría ofenderse, porque ahí tiene usted á la misma iglesia que no hace más que pedir y pedir al Dios que todo lo ve y conoce, y usted mismo pide y exige muchas cosas en los tribunales de ese mismo gobierno, y ni Dios ni los tribunales hasta ahora se dieron por ofendidos. Está en la conciencia de todos que el gobierno, como institucion humana que es, necesita del concurso de los demás, necesita que le hagan ver y sentir la realidad de las cosas. Usted mismo no está convencido de la verdad de su objecion; usted mismo sabe que es tirano y déspota el gobierno que, para hacer alarde de fuerza é independencia, todo lo niega por miedo ó por desconfianza y que solo los pueblos tiranizados y esclavizados son los que tienen el deber de no pedir nada jamás. Un pueblo que deteste á su gobierno no debe exigirle más sino que abandone el poder.

El viejo abogado hacía muecas sacudiendo á un lado y otro la cabeza en señal de descontento y pasándose la mano por la calva; despues en tono de protectora compasion dijo:

—¡Hm! malas doctrinas son esas, malas teorías, ¡hm! Como se conoce que es usted joven y no tiene esperiencia de la vida. Vea usted lo que les está pasando á los chicos inespertos que en Madrid piden tantas reformas: están tachados todos de filibusterismo, muchos no se atreven á volver, y sin embargo ¿que piden? Cosas santas, viejas é inocentes de puro sabidas... Pero hay cosas que no se las puedo explicar, son muy delicadas... vamos... le confieso que existen otras razones que las dichas que impulsan á un gobierno sensato á negarse sistemáticamente á los deseos de un pueblo... no... puede suceder sin embargo que nos encontremos con gefes tan fátuos y ridículos... pero siempre hay otras razones... aunque lo que se pida sea lo más justo... los gobiernos son de distintas condiciones...