—Chut, chut! dijo el P. Irene procurando esconderse.
—Mais, comment! toi ici, grosse bête! Et moi qui t’croyais...
—’Fais pas d’tapage, Lily! il faut m’respecter! ’suis ici l’Pape!
A duras penas pudo el P. Irene hacerla entrar en razon. La alegre Lily estaba enchantée de encontrar en Manila á un antiguo amigo que le recordaba las coulisses del teatro de la Grande Opéra. Y así fué como el P. Irene, cumpliendo á la vez con sus deberes de amistad y de crítico, iniciaba un aplauso para animarla: la Serpolette lo merecía.
Entre tanto nuestros jóvenes esperaban el cancan, Pecson se volvía todo ojos; todo menos cancan había. Hubo un momento en que si no llega gente de curia, se iban á pegar las mujeres, y arrancarse los moños, azuzadas por los pícaros paisanos que esperaban, como nuestros estudiantes, ver algo más que un cancan.
Scit, scit, scit, scit, scit, scit,
Disputez-vous, battez-vous,
Scit, scit, scit, scit, scit, scit
Nous allons compter les coups.