—Sí, despues del palo, ¡que cantemos y demos gracias! ¡Super flumina Babylonis sedimus!
—¡Sí, un banquete como el de los presos! dijo Tadeo.
—Un banquete en que estemos todos de luto y pronunciemos discursos fúnebres, añadió Sandoval.
—Una serenata con la Marsellesa y marchas fúnebres, propuso Isagani.
—No, señores, dijo Pecson con su risa de calavera: para celebrar el hecho no hay como un banquete en una pansitería servido por chinos sin camisa, ¡pero sin camisa!
La idea por lo sarcástica y grotesca fué aceptada; Sandoval fué el primero en aplaudirla; hacía tiempo quería ver el interior de esos establecimientos que de noche parecen tan alegres y animados.
Y precisamente en el momento en que la orquesta tocaba para empezar el segundo acto, nuestros jóvenes se levantaron abandonando el teatro con escándalo de toda la sala.