Sandoval que ya estaba alegre se puso á cantar:

¡Un fraile, dos frailes, tres frailes en el coooro

Hacen el mismo efecto que un solo tooooro!

—Escuchad, hermanos; volved la vista hácia los hermosos días de vuestra infancia; tratad de examinar el presente y preguntaos el porvenir. ¿Qué teneis? ¡Frailes, frailes y frailes! Un fraile os bautiza, confirma, visita en la escuela con amoroso afan; un fraile escucha vuestros primeros secretos, es el primero en haceros comer á un Dios, en iniciaros en la senda de la vida; frailes son vuestros primeros y últimos maestros, fraile es el que abre el corazon de vuestras novias, disponiéndolas á vuestros suspiros, un fraile os casa, os hace viajar por diferentes islas proporcionándoos cambios de clima y distracciones; él os asiste en vuestra agonía y aunque subais al cadalso, allí está el fraile para acompañaros con sus rezos y lágrimas y podeis estar tranquilos que no os ha de abandonar, hasta veros bien muertos y ahorcados. Mas su caridad no termina allí; muertos ya procurará enterraros con toda pompa, luchará para que vuestro cadáver pase por la iglesia, reciba los sufragios y solo descansará satisfecho cuando os pueda entregar en manos del Criador purificados aquí en la tierra, gracias á temporales castigos, torturas y humillaciones. ¡Conocedores de la doctrina de Cristo que cierra el cielo á los ricos, ellos, nuevos redentores, verdaderos ministros del Salvador, inventan todas las astucias para aligeraros de vuestros pecados, vulgo cuapì, y los trasportan lejos, muy lejos, allá donde los condenados chinos y protestantes viven, y dejan esta atmósfera límpida, pura, saneada, de tal modo que aunque quisiéramos despues, no pudiésemos encontrar un real para nuestra condenacion!

«Si pues su existencia es necesaria á nuestra felicidad, si do quiera que llevemos la nariz nos hemos de encontrar con la fina mano, hambrienta de besos, que aplana cada día más el maltrecho apéndice que en el rostro ostentamos ¿por qué no mimarlos y engordarlos y por qué pedir su antipolítica expulsion? ¡Considerad un momento el inmenso vacío que en nuestra sociedad dejaría su ausencia! ¡Obreros incansables, mejoran y multiplican las razas; desunidos como estamos merced á celos y susceptibilidades, los frailes nos unen en una suerte comun, en un apretado haz, tan apretado que muchos no pueden mover los codos! ¡Quitad al fraile, señores, y vereis cómo el edificio filipino tambaleará, falto de robustos hombros y velludas piernas, la vida filipina se volverá monótona sin la nota alegre del fraile jugueton y zandunguero, sin los libritos y sermones que hacen desternillar de risa, sin el gracioso contraste de grandes pretensiones en insignificantes cráneos, sin la representacion viva, cuotidiana, de los cuentos de Boccacio y Lafontaine! Sin las correas y escapularios, ¿qué quereis que en adelante hagan nuestras mujeres sino economizar ese dinero y volverse acaso avaras y codiciosas? Sin las misas, novenarios y procesiones, ¿dónde encontrareis panguinguis para entretener sus ocios? tendrán que reducirse á las faenas de la casa y en vez de leer divertidos cuentos de milagros, ¡tendremos que procurarles las obras que no existen! Quitad al fraile, y se desvanecerá el heroismo, serán del dominio del vulgo las virtudes políticas; quitadle y el indio dejará de existir; el fraile es el Padre, el indio el Verbo; aquel el artista, éste la estatua, ¡porque todo lo que somos, lo que pensamos y lo que hacemos, al fraile se lo debemos, á su paciencia, á sus trabajos, á su constancia de tres siglos para modificar la forma que nos dió Naturaleza! Y Filipinas sin fraile y sin indio, ¿qué le pasará al pobre gobierno en manos con los chinos?»

—¡Comerá torta de cangrejos! contestó Isagani á quien le aburría el discurso de Pecson.

—¡Y es lo que debemos hacer! ¡Basta de discursos!

Como no aparecía el chino que debía traer el plato, levantóse uno de los estudiantes y se fué al fondo, hácia el balcon que daba al río; mas se volvió inmediatamente haciendo señas misteriosas.

—Nos espían; ¡he visto al favorito del P. Sibyla!