Todos pidieron el lumpiâ y Tadeo se sentó muy contento de haber salido del paso.

El plato consagrado al P. Irene no pareció famoso y Sandoval lo manifestó así cruelmente:

—¡Brillante de grasa por fuera y puerco por dentro! ¡Que venga el tercer plato, la torta de frailes!

La torta no estaba hecha todavía; se oía el chirrido de la manteca en la sarten. El intermedio lo aprovecharon para beber y pidieron que Pecson hablase.

Pecson se persignó seriamente, se levantó conteniendo á duras penas su risa de bobo, é imitando á cierto predicador agustino famoso entonces, principió á murmurar como si recitase la tésis de un sermon.

«Si tripa plena laudat Deum, tripa famelica laudabit fratres; si tripa llena alaba á Dios, tripa hambrienta alabará á los frailes. Palabras que dijo el señor Custodio por boca de Ben Zayb, periódico El Grito de la Integridad, artículo segundo, tontería ciento cincuenta y siete.»

«¡Queridos hermanos en Jesucristo!

«¡El mal sopla su impuro aliento sobre las verdes costas de la Frailandia, vulgo Archipiélago filipino! No brilla un día sin que resuene un ataque, sin que se escuche un sarcasmo contra las reverendas, venerandas y predicandas corporaciones, indefensas y faltas de todo apoyo. Permitidme, hermanos, que un momento me haga caballero andante para salir en defensa del desvalido, de las santas corporaciones que nos educaron, confirmando una vez más la idea complementaria del adagio, tripa llena alaba á Dios, cual es, tripa hambrienta alabará á los frailes.»

—¡Bravo, bravo!

—Oye, dijo Isagani seriamente; te advierto que tratándose de frailes, respeto á uno.