—¡Susmariosep! exclamó Capitana Loleng; todos nuestros deudores estaban allí; ¡susmariosep! ¡Y allí cerca tenemos una finca! ¿Quién podrá ser?...
—Ahora lo sabrán ustedes, añadió Chichoy en voz baja, pero es menester que guarden el secreto. Esta tarde me encontré con un amigo, escribiente en una oficina, y hablando del asunto, me ha dado la clave: lo ha sabido por unos empleados... ¿Quién creen ustedes que ha puesto los sacos de pólvora?
Muchos se encogieron de hombros; solo Capitan Toringoy miró de soslayo á Isagani.
—¿Los frailes?
—¿El chino Quiroga?
—¿Algun estudiante?
—¿Makaraig?
Capitan Toringoy tosía y miraba á Isagani.
Chichoy sacudió la cabeza sonriendo.
—¡El joyero Simoun!