—¡Con más consideracion, seguramente! respondió el Carolino.
Mautang se quedó un momento silencioso y despues como encontrando su réplica, repuso tranquilamente:
—¡Ah! es que aquellos son enemigos y embisten, mientras que éstos... ¡éstos son paisanos nuestros!
Y acercándose dijo al oido del Carolino:
—¡Qué simple eres! Se les trata así para que ensayen de rebelarse ó escaparse y entonces... ¡pung!
El Carolino no contestó.
Uno de los presos suplicó que le dejasen descansar porque tenía que hacer una necesidad.
—¡El lugar es peligroso! contestó el cabo, mirando inquieto al monte; ¡súlung!
—¡Súlung! repitió Mautang.
Y silbó la vara. El preso se retorció y le miró con ojos de reproche: