—No todo se puede hacer de una vez, interrumpió secamente S. E.; los maestros de aquí hacen mal en pedir edificios cuando los de la Península se mueren de hambre. ¡Mucha presuncion es querer estar mejor que en la misma Madre Patria!
—Filibusterismo...
—¡Ante todo la Patria! ¡ante todo somos españoles! añadió Ben Zayb con los ojos brillantes de patriotismo y poniéndose algo colorado cuando vió que se quedó solo.
—En adelante, terminó el General, todos los que se quejen serán suspendidos.
—Si mi proyecto fuese aceptado, se aventuró á decir don Custodio como hablando consigo mismo.
—¿Relativo á los edificios de las escuelas?
—Es sencillo, práctico y económico como todos mis proyectos, nacidos de una larga esperiencia y del conocimiento del pais. Los pueblos tendrían escuelas sin que le costasen un cuarto al gobierno.
—Enterado, repuso con sorna el secretario; obligando á los pueblos á que los construyan á su costa.
Todos se echaron á reir.
—No señor, no señor, gritó don Custodio picado y poniéndose colorado: los edificios están levantados y solo esperan que se los utilice. Higiénicos, inmejorables, espaciosos...