Los frailes se miraron con cierta inquietud. ¿Propondría don Custodio que se convirtiesen en escuelas las iglesias y los conventos ó casas parroquiales?

—¡Veámoslo! dijo el General frunciendo el ceño.

—Pues, mi General, es muy sencillo, repuso don Custodio estirándose y sacando la voz hueca de ceremonia; las escuelas solo estan abiertas en los días de trabajo, y las galleras en los de fiesta... Pues conviértanse en escuelas las galleras, al menos durante la semana.

—¡Hombre, hombre, hombre!

—¡Ya pareció aquello!

—Pero ¡qué cosas tiene usted, don Custodio!

—¡Vaya un proyecto que tiene gracia!

—¡Este les pone á todos la pata!

—Pero, señores, gritaba don Custodio al oir tantas exclamaciones; seamos prácticos, ¿qué local hay más á propósito que las galleras? Son grandes, estan bien construidas, y maldito para lo que sirven durante la semana. Hasta desde un punto de vista moral, mi proyecto es muy aceptable: serviría como una especie de purificacion y expiacion semanal del templo del juego, digámoslo así.

—Pero es que á veces hay juego de gallos durante la semana, observó el P. Camorra, y no es justo que pagando los contratistas de las galleras al gobierno...