—¡Vaya! ¡por esos días se cierra la escuela!

—¡Hombre, hombre! dijo el Cpn. General escandalizado; ¡tal horror no sucederá mientras yo gobierne! ¡Que se cierren las escuelas porque se juega! ¡Hombre, hombre, hombre! ¡primero presento la dimision!

Y S. E. estaba verdaderamente escandalizado.

—Pero, mi General, vale más que se cierren por algunos días que no por meses.

—¡Eso sería inmoral! añadió el P. Irene más indignado todavía que su Excelencia.

—Más inmoral es que los vicios tengan buenos edificios y las letras ninguno... Seamos prácticos, señores, y no nos dejemos llevar de sentimentalismos. En política no hay cosa peor como el sentimentalismo. Mientras por respetos humanos prohibimos el cultivo del opio en nuestras colonias, toleramos que en ellas se fume, resulta que no combatimos el vicio pero nos empobrecemos...

—Pero observe usted que eso le produce al gobierno sin trabajo ninguno, más de cuatrocientos cincuenta mil pesos, repuso el P. Irene que se hacía más y más gubernamental...

—¡Basta, basta, señores! dijo S. E. cortando la discusion: yo tengo mis proyectos sobre el particular y dedico mi particular atencion al ramo de instruccion pública. ¿Hay algo más?

El secretario miró con cierta inquietud al P. Sibyla y al P. Irene. Lo gordo iba á salir. Ambos se prepararon.

—La solicitud de los estudiantes pidiendo autorizacion para abrir una Academia de Castellano, contestó el secretario.