—¡Ea, señores! dijo; ¡hoy hemos trabajado como negros y eso que estamos de vacaciones! Alguien dijo que los asuntos graves deben tratarse en los postres. Yo soy en absoluto de esa opinion.

—Podemos indigestarnos, observó el secretario aludiendo al calor de la discusion.

—Entonces lo dejaremos para mañana.

Todos se levantaron.

—Mi General, murmuró el alto empleado; la hija de ese Cabesang Tales ha vuelto solicitando la libertad de su abuelo enfermo, preso en lugar del padre...

Su Excelencia le miró disgustado y se pasó la mano por la ancha frente.

—¡Carambas! ¡que no le han de dejar á uno almorzar en paz!

—Es el tercer día que viene; es una pobre muchacha...

—¡Ah, demonios! exclamó el P. Camorra; yo me decía: algo tengo que decir al General, para eso he venido... ¡para apoyar la peticion de esa muchacha!

El General se rascó detrás de la oreja.