—¡Que conste, señores, dijo Juanito, que yo fuí uno de los primeros iniciadores!
El pesimista Pecson no estaba entusiasmado.
—¡Como no tengamos la condecoracion en los tobillos! dijo.
Pero afortunadamente para Pelaez la observacion no se oyó en medio de los aplausos. Cuando se calmaron algun tanto, Pecson repuso:
—Bueno, bueno, muy bueno, pero una suposicion... ¿y si apesar de todo eso, el General consulta, consulta y consulta y despues nos niega la autorizacion?
La suposicion cayó como agua fría.
Todos miraron á Sandoval; este se halló entrecortado.
—Entonces, murmuró titubeando.
—¿Entonces?
—Entonces, exclamó Sandoval todavía excitado por los aplausos y en un arranque de entusiasmo, puesto que en escritos é impresos blasona de querer vuestra instruccion, y la impide y la niega cuando al terreno de los hechos se le cita, entonces, señores, vuestros esfuerzos no habrán sido en vano, habreis conseguido lo que nadie ha podido, ¡que se arranque la máscara y os arroje el guante!