Y cuando en noche oscura se envuelva el cementerio,
y sólo restos yertos queden velando allí,
no turbes el reposo, no turbes el misterio;
pero si acordes oyes de cítara ó salterio,
soy yo, querida patria, yo que te canto á tí.
Y cuando ya mi tumba, de todos olvidada,
no tenga cruz, ni piedra que marquen su lugar,
deja que la are el hombre, que la esparza la azada,
que todas mis cenizas se vuelvan á la nada,
y en polvo de tu alfombra se vayan á formar.