—¿No decíais que hay que regalar algo á la que mejor contestación obtenga?—preguntó con voz temblorosa de emoción mientras partía cuidadosamente el papel en dos pedazos.

—¡Sí! ¡Sí!

—Pues bien, este es mi regalo,—dijo entregando á María Clara la mitad;—en el pueblo he de levantar una escuela para niños y niñas; esta escuela será mi regalo.

—Y ese otro pedazo ¿qué quiere decir?

—Esto se lo regalaré á quien haya obtenido la peor respuesta.

—¡Pues yo! ¡entonces á mí!—gritó Sinang.

Ibarra le dió el papel y se alejó rápidamente.

—Y esto ¿qué quiere decir?

Pero el feliz joven ya estaba lejos y volvía á proseguir su partida de ajedrez.

Fray Salví se acercó como distraído al alegre círculo de los jóvenes. María Clara se secaba una lágrima de alegría.