Pero María Clara, toda encarnada, le tapó la boca con sus manos, y no la dejó continuar.
—¡Entonces, dadme la rueda!—dijo Crisóstomo sonriendo.
—Pregunto: «¿Si saldré bien en mi actual empresa?»
—¡Vaya una fea pregunta!—exclamó Sinang.
Ibarra echó los dados, y con arreglo á su número buscaron la página y el renglón.
—«¡Los sueños sueños son!»—leyó Albino.
Ibarra sacó el parte telegráfico y lo abrió temblando:
—¡Esta vez, vuestro libro ha mentido!—exclamó lleno de alegría.—¡Leed!
«Proyecto escuela aprobado, otro sentenciado á su favor.»
—¿Qué significa esto?—le preguntaron.