Ibarra consideró estas razones, vió su situación y comprendió que, con todo su pesimismo, el viejo tenía mucha razón.

—¡Le creo á usted!—exclamó estrechándole la mano.—No en vano esperaba un buen consejo. Hoy mismo iré á franquearme con el cura, que al fin y al cabo no me ha hecho ningún mal y que debe ser bueno, pues no todos son como el perseguidor de mi padre. Tengo además que interesarle en favor de esa desgraciada loca y de sus hijos: confío en Dios y en los hombres.

Despidióse del viejo y, montando á caballo, partió.

—¡Atención!—murmuró el pesimista filósofo siguiéndole con la mirada; observemos bien cómo desarrollará el destino la comedia que ha empezado en el cementerio.

Esta vez estaba verdaderamente equivocado: la comedia había empezado mucho antes.


[1] Vestido de los franciscanos. [↑]

[2] ¡Cuidado con caer! [↑]

[3] Kupang ó copang, Mimosa peregrina (leguminosas). [↑]