»Durante el día no faltó nada para hacer alegre la fiesta y para conservar la animación característica de los españoles, que en ocasiones tales no pueden contenerse, demostrando ya en canciones ó bailes, ya en otras sencillas y alegres distracciones, que tienen corazón noble y fuerte, que las penas no les abaten y que basta se reunan en un sitio dado tres españoles para que la tristeza y malestar de allí se ausenten. Rindióse, pues, culto á Terpsícore en muchas casas, pero principalmente en la del ilustrado millonario filipino, á donde fuimos todos invitados á comer. Excuso decirle á usted que el banquete, opípara y brillantemente servido, fué la segunda edición de las bodas de Caná ó Camacho, corregida y aumentada. Mientras gozábamos de los placeres de la bucólica que dirigía un cocinero de la Campana, tocaba la orquesta armoniosas melodías. La hermosísima señorita de la casa lucía un traje de mestiza y una cascada de brillantes, y fué como siempre la reina de la fiesta. Todos deploramos en el fondo de nuestra alma que una ligera torcedura de su lindo pie la haya privado de los placeres del baile, pues si hemos de juzgar por lo que sus perfecciones en todo demuestran, la señorita de los Santos debe bailar como una sílfide.
»El alcalde de la provincia ha llegado esta tarde con objeto de solemnizar con su presencia la ceremonia de mañana. Ha deplorado el malestar del distinguido propietario señor Ibarra, que, gracias á Dios, según se nos ha dicho, ya está mejor.
»Esta noche hubo procesión solemne, pero de esto le hablaré en mi carta de mañana, porque, además de los bombazos que me han aturdido y vuelto algo sordo, estoy muy cansado y me caigo de sueño. Mientras, pues, recupero fuerzas en los brazos de Morfeo ó sea en el catre del convento, deseo á usted, mi distinguido amigo, buenas noches y hasta mañana, que será el gran día.
Su affmo. amigo q. b. s. m.
»San Diego, 11 de Noviembre.
El corresponsal.»
Esto escribía el bueno del corresponsal. Veamos ahora qué escribía capitán Martín á su amigo Luis Chiquito:
«Querido Choy: Ven corriendo, si puedes, que la fiesta es muy alegre; figúrate que capitán Joaquín está casi desbancado: capitán Tiago le ha doblado tres veces y las tres en puertas, con lo que Cabezang Manuel, el dueño de la casa, se vuelve cada vez más pequeño de alegría. El padre Dámaso rompió de un puñetazo una lámpara porque hasta ahora no ha ganado una carta; el cónsul ha perdido en sus gallos y en la banca todo lo que nos ha ganado en la fiesta de Biñang y en la del Pilar de Santa Cruz.
»Esperábamos que capitán Tiago nos trajese á su futuro yerno, el rico heredero de don Rafael, pero parece que quiere imitar á su padre, porque ni siquiera se ha dejado ver. ¡Lástima! Parece que no será nunca de provecho.
»El chino Carlos está haciendo una grande fortuna con el liam-pó; sospecho que lleva algo oculto, tal vez un imán: se queja continuamente de dolores de cabeza que lleva vendada, y cuando el cubo del liam-pó se pára poco á poco, entonces se inclina casi hasta tocarle, como si lo quisiese observar bien. Estoy escamado, porque sé otras historias parecidas.