»Adiós, Choy; mis gallos van bien y mi mujer está alegre y se divierte.
»Tu amigo
Martín Aristorenas.»
Ibarra había recibido también un billetito perfumado, que Andeng, la hermana de leche de María Clara, le había entregado á la noche del primer día de la fiesta. El billete decía:
«Crisóstomo: Hace más de un día que no te dejas ver; he oído que estás algo enfermo, he rezado por tí y encendido dos cirios por más que papá dice que no estás enfermo de gravedad. Anoche y hoy me han aburrido mandándome tocar el piano é invitándome á bailar ¡No sabía que hubiese tantos fastidiosos en la tierra! Si no fuera por el padre Dámaso, que procura distraerme contando y diciéndome muchas cosas, me habría encerrado en mi alcoba para dormir. Escríbeme qué tienes, pues diré á papá que te visite. Por ahora, te envío á Andeng, para que te haga té: ella lo sabe cocer bien y acaso mejor que tus criados.
María Clara.
»P. D. Si no vienes mañana, no iré á la ceremonia. Vale.»
[1] El que fué arzobispo de Toledo, primado de las Españas. [↑]