El asistente, á una señal del alférez, contestó:

—Sí, señora, ha salido.

Oyósela reir alegremente y descorrió el cerrojo.

Despacito se levantó el marido; entreabrióse la puerta...

Un grito, el ruido de un cuerpo que cae, juramentos, aullidos, maldiciones, golpes, voces roncas... ¿Quién describe lo que pasó en la obscuridad de la alcoba?

El asistente, saliendo á la cocina, hizo una seña muy significativa al cocinero.

—¡Y lo vas á pagar tú!—díjole éste.

—¿Yo? ¡en todo caso el pueblo! Ella me preguntó si había salido, no si había vuelto.


[1] En Filipinas las ventanas de las casas son de madera y tienen, en vez de cristales, conchas de nácar, blancas, finas y transparentes, que forman un tablero de cuadros y rombos. [↑]