—¡Esos que han salido por evitar su contacto!
—¡Sí! dicen que está usted excomulgado.
Ibarra, sorprendido, no supo qué decir y miró á su alrededor. Vió á María Clara que ocultaba el rostro detrás del abanico.
—Pero ¿es posible?—exclamó al fin;—¿todavía estamos en plena Edad media? De manera que...
Y acercándose á las jóvenes y cambiando de tono:
—Dispensadme,—dijo;—me había olvidado de una cita; volveré para acompañaros.
—¡Quédate!—le dijo Sinang;—Yeyeng va á bailar en «la Calandria»; baila divinamente.
—No puedo, amiguita, pero ya volveré.
Redoblaron los murmullos.
Mientras Yeyeng salía vestida de chula con el «¿Da usté su permiso?» y Carvajal le contestaba «Pase usté adelante» etc., acercáronse dos soldados de la guardia civil á don Filipo, pidiendo que se suspendiese la representación.