Acércanse á otro grupo. Allí arman el gallo, escogen navajas, el atador prepara seda roja, lo encera y frota varias veces.
Társilo envuelve el animal con una mirada sombríamente impasible: parecía que no veía el gallo, sino otra cosa en el porvenir. Se pasa la mano por la frente.
—¿Estás dispuesto?—pregunta á su hermano con voz sorda.
—¿Yo? desde antes; ¡sin necesidad de verlos!
—Es que... nuestra pobre hermana...
—¡Abá! ¿No te han dicho que el jefe es don Crisóstomo? ¿no le has visto pasearse con el Capitán General? ¿Qué peligro corremos?
—¿Y si morimos?
—¿Qué más da? Nuestro padre murió apaleado.
—¡Tienes razón!
Ambos hermanos buscan á Lucas entre los grupos.