Tan pronto como le divisan, Társilo se detiene.

—¡No! vámonos de aquí, ¡nos vamos á perder!—exclama.

—¡Vete si quieres, yo acepto!

—¡Bruno!

Desgraciadamente un hombre se acerca y les dice:

—¿Apostáis? Yo soy por el búlik.

Los dos hermanos no contestan.

—¡Logro!

—¿Cuánto?—pregunta Bruno.

Púsose el hombre á contar sus monedas de cuatro pesos: Bruno le miraba sin respirar.