—Y se pone á cubierto,—añade la flaca.

—¡Satisfacción no reclamada, culpa confesada!

—En eso pensaba yo; usted ha puesto el dedo en la llaga.

—Es menester ver bien eso,—observa pensativo el manco;—me temo que allí haya gato encerrado.

—¡Gato encerrado, eso! eso iba yo á decir,—repite la flaca.

—Y yo,—dice otra arrebatándole la palabra;—la mujer de capitán Tinong es muy avara... aún no nos ha enviado ningún regalo y eso que hemos estado en su casa. Con que cuando una agarrada y codiciosa suelta un regalito de mil pesitos...

—Pero ¿es cierto eso?—preguntó el manco.

—¡Y tanto! ¡y tan cierto! se lo ha dicho á mi prima su novio, el ayudante de S. E. Y estoy por creer que es el mismo anillo que llevaba puesto la mayor el día de la fiesta. ¡Va siempre llena de brillantes!

—¡Un escaparate andando!

—¡Una manera de hacer reclamo como otra cualquiera! En lugar de comprar un figurín ó pagar una tienda...