—No olvidaré los juramentos de fidelidad que te hice.
—¿Qué meditas hacer?—preguntó Ibarra tratando de leer en sus ojos.
—¡El porvenir es obscuro y el Destino está entre sombras! no sé lo que he de hacer; pero sabe que yo amo una sola vez, y sin amor jamás seré de nadie. Y de ti, ¿qué va á ser de ti?
—No soy más que un fugitivo... huyo. Dentro de poco se descubrirá mi fuga, María...
María Clara cogió la cabeza del joven entre sus manos, le besó repetidas veces en los labios, le abrazó, y después, alejándole bruscamente de sí:
—¡Huye, huye!—le dijo;—¡huye, adiós!
Ibarra la miró con ojos brillantes, pero, á una señal de la joven, se alejó ebrio, vacilante...
Saltó otra vez el muro y entró en la banca. María Clara, apoyada sobre el antepecho le miraba alejarse.
Elías se descubrió y la saludó profundamente.