—Está bien, señor; ¿qué señas tiene?

—Va de levita y habla español; con que ¡cuidao!

La banca se alejó. Elías volvió la cara y vió la silueta del centinela, de pie junto á la orilla.

—Perderemos algunos minutos de tiempo,—dijo en voz baja;—debemos entrar en el río Beata para simular que soy de Peña Francia. Veréis el río que cantó Francisco Baltasar.

El pueblo dormía á la luz de la luna. Crisóstomo se levantó para admirar la paz sepulcral de la naturaleza. El río era estrecho y sus orillas formaban llano, sembrado de zacate.

Elías arrojó su carga en la orilla, cogió una larga caña y sacó debajo de la hierba algunos vacíos bayones ó sacos hechos de hoja de palmera. Siguieron navegando.

—Sois dueño de vuestra voluntad, señor, y de vuestro porvenir,—dijo á Crisóstomo que se mantenía silencioso.—Pero si me permitís una observación, os diré: Mirad bien lo que vais á hacer, vais á encender la guerra, pues tenéis dinero, cabeza y encontraréis pronto muchos brazos, fatalmente hay muchos descontentos. Mas, en esta lucha que vais á emprender, los que más sufrirán son los indefensos é inocentes. Los mismos sentimientos que hace un mes, hacían que me dirigiese á vos pidiendo reformas, son también los que me mueven ahora á deciros que meditéis. El país, señor, no piensa separarse de la madre patria; no pide más que un poco de libertad, de justicia y de amor. Os secundarán los descontentos, los criminales, los desesperados, pero el pueblo se abstendrá. Os equivocáis, si, viendo todo obscuro, creéis que el país está desesperado. El país sufre, sí, pero aún espera, cree, y sólo se levantará cuando haya perdido la paciencia, esto es, cuando lo quieran los que gobiernan, lo cual aún está lejos. Yo mismo no os seguiría; jamás acudiré á esos remedios extremos mientras vea esperanza en los hombres.

—¡Entonces iré sin vos!—repuso Crisóstomo resuelto.

—¿Es vuestra firme decisión?

—¡Firme y única, testigo la memoria de mi padre! Yo no me dejo arrancar impunemente paz y felicidad, yo que sólo he deseado el bien, yo que todo lo he respetado y sufrido por amor á una religión hipócrita, por amor á una patria. ¿Cómo me han correspondido? Hundiéndome en un calabozo infame y prostituyendo á mi futura esposa. ¡No, no vengarme sería un crimen, sería animarlos á nuevas injusticias! ¡No, fuera cobardía, pusilanimidad, gemir y llorar cuando hay sangre y vida, cuando al insulto y al reto se une el escarnio! ¡Yo llamaré á ese pueblo ignorante, le haré ver su miseria; que no piense en hermanos; sólo hay lobos que se devoran, y les diré que contra esta opresión se levanta y protesta el eterno derecho del hombre para conquistar su libertad!