La voz del desconocido se hacía cada vez más ininteligible.

—Ve á buscar la leña... quiero ayudarte.

Basilio se alejó. El desconocido volvió la cara hacia el Oriente y murmuró como orando:

—¡Muero sin ver la aurora brillar sobre mi patria!... ¡vosotros, que la habéis de ver, saludadla... no os olvidéis de los que han caído durante la noche!

Levantó sus ojos al cielo, sus labios se agitaron como murmurando una plegaria, después bajó la cabeza y cayó lentamente en tierra...

Dos horas más tarde, Hermana Rufa estaba en el batalan[2] de su casa haciendo sus abluciones matinales para ir á misa. La piadosa mujer miraba al cercano bosque y vió subir una gruesa columna de humo; frunció las cejas y, llena de santa indignación, exclamó:

—¿Quién será el hereje que en día de fiesta hace kaingin[3]. ¡Por eso vienen tantas desgracias! ¡Prueba ir al Purgatorio y verás si te saco de allá, salvaje!


[1] Gramínea larga y flexible que se emplea para cubrir las cabañas de los indígenas; Imperata arundinácea Brogn. [↑]

[2] Atrio. [↑]