En campos de batalla, luchando con delirio,

otros te dan sus vidas, sin dudas, sin pesar;

el sitio nada importa: ciprés, laurel ó lirio,

cadalso ó campo abierto, combate ó cruel martirio,

lo mismo es, si la piden la patria y el hogar.

Yo muero cuando veo que el cielo se colora

y al fin anuncia el día tras lóbrego capuz;

si grana necesitas para teñir tu aurora,

vierte la sangre mía, derrámala en buen hora,

y dórela un reflejo de tu naciente luz.