—¿No está allá? ¿No? Pues entonces no lo sé.
—¿Sabes? Cuando me paguen los que me deben te daré más,—continuó el viejo.—Era el cráneo de mi esposa; con que si me la encuentras...
—¿No está allá? ¡Pues no lo sé! Pero si queréis, os puedo dar otro.
—¡Eres como la tumba que cavas!—le apostrofó el viejo nerviosamente;—no sabes el valor de lo que pierdes. ¿Para quién es la fosa?
—¿Lo sé yo acaso? ¡Para un muerto!—contestó malhumorado el otro.
—¡Como la tumba, como la tumba!—repitió el viejo riendo secamente;—ni sabes lo que arrojas, ni lo que tragas. ¡Cava, cava!
Y se volvió dirigiéndose á la puerta.
El sepulturero entretanto había concluído con su tarea; dos montículos de tierra fresca y rojiza se levantaban en los bordes de la fosa. Sacó de su salakot buyo, y púsose á mascarlo, mirando con aire estúpido cuanto en su derredor pasaba.
[1] Solanum sanctum, L. y Tabernaemontana Pandacaqui Poir. género este último perteneciente á las apocináceas. [↑]