—¿Es aquí?—murmuraba entre dientes:—no, es allá, pero ¡la tierra está removida!
Ibarra le miraba angustiado.
—¡Sí!—continuó,—recuerdo que había una piedra al lado; la fosa era un poco corta; el sepulturero estaba enfermo, y la tuvo que cavar un aparcero, pero preguntaremos á ése qué se ha hecho de la cruz.
Dirigiéronse al sepulturero, que les observaba con curiosidad.
Este les saludó quitándose el salakot.
—¿Podéis decirnos cuál es la fosa que allá tenía una cruz?—preguntó el criado.
El interpelado miró hacia el sitio y reflexionó.
—¿Una cruz grande?
—Sí, grande,—afirmó con alegría el viejo, mirando significativamente á Ibarra, cuya fisonomía se animó.
—¿Una cruz con labores, y atada con bejucos?—volvió á preguntar el sepulturero.