—¡Eso es, eso es, así, así!—y el criado trazó en la tierra un dibujo en forma de cruz bizantina.
—Y ¿en la tumba había flores sembradas?
—¡Adelfas, sampagas y pensamientos! ¡eso es!—añadió el criado lleno de alegría, y le ofreció un tabaco.
—Decidnos cuál es la fosa y dónde está la cruz.
El sepulturero se rascó la oreja y contestó bostezando:
—Pues la cruz... ¡yo la he quemado!
—¿Quemado? y ¿por qué la habéis quemado?
—Porque así lo mandó el cura grande.
—¿Quién es el cura grande?—preguntó Ibarra.
—¿Quién? El que pega, el padre Garrote.