Basilio
La vida es sueño.
Apenas pudo entrar Basilio, y tambaleando se dejó caer en los brazos de su madre.
Un frío inexplicable se apoderó de Sisa al verle llegar solo. Quiso hablar, pero no halló sonidos; quiso abrazar á su hijo, pero tampoco halló fuerzas; llorar, érale imposible.
Pero á la vista de la sangre que bañaba la frente del niño, pudo gritar con ese acento que parece anunciar la rotura de una cuerda del corazón:
—¡Hijos míos!
—¡No temáis nada, madre!—lo contestó Basilio;—Crispín se ha quedado en el convento.
—¿En el convento? ¿se ha quedado en el convento? ¿Vive?
El niño levantó hacia ella sus ojos.
—¡Ah!—exclamó pasando de la mayor angustia á la mayor alegría. Sisa lloró, abrazó á su hijo cubriéndole de besos la ensangrentada frente.