Cayó durante uno de aquellos combates homéricos del general Conrado Villegas[44], con el bravo Namuncurá[45], y allá se quedó... como se han quedado tantos—modestos y oscuros, de esos que cumplen el deber por el deber y a quienes los eunucos[46] de la acción y del pensamiento les llaman soñadores porque no pusieron, sobre todo, las exigencias de la bestia,—sin que la patria les recuerde, por más que le consagraron lo único que poseían: ¡la vida!
De repente me sacó de mis sueños y contemplaciones la voz del ordenanza, quien tocándome en el hombro, me decía:
—¡Ahí está el jefe!... ¡aproveche!
[VII]
MOSAICO CRIOLLO
Avanza hacia mí un hombre alto, delgado, de color pálido, ceñudo, pero en cuya fisonomía serena se leía algo de bondadoso que atraía:
—¿Qué se le ofrece, paisano?
Solamente el Himno Nacional tiene notas comparables a las que yo encontré en esta frase sencilla me pareció ver el sol dentro de aquel salón oscuro.
—¡Traigo esta carta para Usía...; es de mi coronel!